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Julian Lennon : Too Late for Goodbyes
Era el año 1985. Estudiaba preparatoria en una de las instituciones más reconocidas de mi ciudad. Era una escuela grande (abarcaba toda una manzana) ubicada en una zona residencial de clase media bastante tranquila. Lo que más recuerdo de la escuela son las paredes cubiertas de azulejos delgados de colores blanco y azul y el horrendo uniforme verde y amarillo, diseñado para que fuéramos identificados con facilidad si te ibas de pinta.
En el segundo semestre del 85 iniciaba mi último año en la especialidad de Economía en el turno vespertino. Aun recuerdo la primera impresión que tuve de mi maestra de contabilidad básica. Escribió su nombre con las siglas M.A al final y anuncio “Soy Master de Administracion”. Yo puse cara de fastidio por su presunción, pero tenía razón en anunciarse como tal.
Con su estatura baja y voz enérgica, mi maestra hizo que aprendieramos contabilidad para el resto de nuestras vidas. Tenía un estándar de calidad muy alto : Ponía como requisito para entregar el examen el llegar a la utilidad o perdida que ella indicaba. Si no la obtenías, sacabas cero, y si lo obtenías, tu calificación dependía de haber utilizado las cuentas correctas. Con tal presión, los exámenes semestrales eran una pesadilla.
Ahora tengo un recuerdo amable de la época de exámenes : Los presentábamos en todos los salones del edificio principal incluyendo el auditorio ubicado en el último piso. Era un gran salón con ventanas cuadradas divididas en cuatro, muy amplias que dejaban entrar la luz que filtraban la fila de arboles del jardín. Frente a nosotros había un mural que no recuerdo que representaba, si mi memoria no me falla la expropiación petrolera, y ponían filas y filas de sillas y mesas individuales.
El día del examen de contabilidad, mis cuates y yo estábamos preparados para sufrir tres horas con nuestros lápices y calculadora básica. Por lo general esperábamos en la fuente de sodas El King Kong (ubicada frente a la escuela) a que tocaran el timbre y nos dejaran entrar. Nos encantaba ir ahí porque tenía una rockola con los éxitos del momento y su volumen era bastante potente.
No recuerdo quien tuvo la idea, pero decidimos elegir canciones y anotar en una papel el número y la letra que correspondia la cancion en la rockola, y le pedimos al dueño que tocara el "playlist" en las siguiente hora. Tocaron el timbre, le dejamos un montón de monedas, y entramos a la escuela.
Me tocó tomar el examen en las ultimas filas en el auditorio. A mitad del examen, mientras estaba intentando recordar la cuenta a utilizar para el pago en cheque de mercancía, la canción que elegí sonó en el aire a la distancia y miré a mi alrededor.
Fue un momento especial. Algo tenían las escuelas viejas en esa época que cuando llegaba el mediodía, el sol se proyectaba en los pisos de mosaico de blanco gastados por el tiempo, el polvo se levantaba inundando el lugar, y éste se dividía en luz y obscuridad. No se porqué, pero sentí una falsa nostalgia a mis 15 años. Quizás porque no usábamos la modernidad de la luz eléctrica y nos alumbrábamos con el sol, o porque los edificios eran mucho más viejos que yo, no sé. Aún no puedo entender el porqué de ese sentimiento.
Pero así fue como Too Late for Goodbyes de Julian Lennon se convirtió para mi en sinónimo de examenes, salones viejos, contabilidad, y ahora, una verdadera nostalgia por mis años de preparatoria.
Too late for Goodbyes. Julian Lennon

